Esto es una mierda. Antes era un infierno. Mi vida ahora es triste; no es que yo lo esté, es que considero que pese a haber superado la fase 'infierno' estoy atascado en medio de la nada por mi condición de gilipollas, o más bien por tantos perjuicios que tengo.
Para que intentar nada si puede salir mal y llevarte un nuevo palo, esa es mi filosofía.
Lo que pasa es que una cosa es achantar por si acaso, cuando se ve que la cosa está chunga y otra es achantar siempre porque nunca sabes si la cosa está chunga o no, esto último hago yo.
No debí haber pensado nunca en la gilipollas de Ana. Ni por supuesto en la hija de puta de Cristina, que ojala se pudra en el infierno por lo mal que me hizo sentir y por no sentir ningún tipo de remordimiento por todo aquello, ni siquiera es consciente de que hizo algo mal. En fin, en todo caso culpa mía por hacerlas caso.
Rocío era diferente, no digo buena digo diferente, pero tendría que haber intentado algo antes, de manera mucho más sutil y dentro de otro contexto distinto; soy subnormal.
Mis amigas son unas falsas y unas niñatas, se han quedado estancadas en los 15 años y eso que ya tienen casi 20.
Habría que crear un comando, una guerrilla o más bien una resistencia contra la superficialidad. Toda esa gente que ha causado tanto daño a tanta otra merece morir, o más bien hundirse en la misma mierda que ellos han creado.
Y yo... alguien debería darme una oportunidad, que estoy muy quemado ¡joder!, mi paciencia es nula y si algo lo veo poco claro como más o menos he explicado arriba lo abandono, o por lo menos no le pongo mucho interés. E ahí la clave ¿Estaré perdiendo oportunidades manteniendo una actitud totalmente indiferente hacia todo lo que me rodea para así no sentir absolutamente nada y acabar de esta forma con esa terrible tristeza que sentía antes? Es complicado, mucho.
Conocí a Ana en la facultad, es guapa pero no demasiado y no es alta, pero me gustó desde el primer día en que hablé con ella. Siempre recordaré aquel jueves en Vallecas y cómo la acompañe a casa. Quizá en ese mismo momento debería haberlo intentado, puede que hubiera sido precipitado... Pero no lo hice, primer error. También ese jueves de Diciembre en el que la acabé regalando mi camiseta comunista –esto poco tiene que ver‑ en el chalet de Miriam; otra oportunidad perdida, segundo error. Dejé el tiempo pasar, la di por perdida y ahora me he dado cuenta de que... la quiero. No como a las otras pero si siento algo… por lo menos me gusta bastante; a pesar de lo cual tienda a ignorarla e incluso negar lo que es obvio y a engañarme a mi mismo.
En fín, hay que seguir evolucionando para poder ser plenamente yo, si lo consigo seguramente alcanzaré mi meta que no es otra que la felicidad. Eso que para muchos es muy fácil, la encuentran en cualquier lado y no se complican con nada; privilegiados les llamo yo. Luego está el menda, que teniendo muchas cosas, no tiene amor, y eso le mata, puesto que a su alrededor si que lo hay. Peor están los que nunca podrán ser felices. He perdido el rumbo y no se exactamente donde llegaré, dejo que todo fluya sin preocuparme tanto como solía hacer antaño y paso bastante de la situación. Voy a la deriva...
