Hoy he vuelto a tratar a alguien que hacía mucho que no trataba. Y ha sido una experiencia muy rara.
Raro porque han pasado casi cuatro años y yo en mi imaginario fantasioso deseaba que hubiera sido igual que antes, pero no. Es otra persona diferente. En todo caso es una impresión, porque ha sido poco tiempo. Pero sí sirve es para darse cuenta de lo anclado que me quedé en su día, y de que el tiempo pasa volando. No se trata de ninguna novedad pero nunca está de más darse de bruces con la realidad, aunque siga a la deriva como hace un porrón de años. La pena es no volver a tener más pelo y veinte años. Mierda.
Lo que sí ha cambiado es el hecho de que entonces sentía mucho más. Mucho más. Ya no, y constantemente ando buscando una razón que me parezca válida.
Desperdicié Estuve mucho tiempo totalmente perdido por gente con la que nunca tuve más que un beso, y la mayor parte de veces ni eso. Me hice mucho daño por no tener nunca un mínimo saludable de amor propio. Y joder, todo eso está ahí y aun no gustándome, no puedo olvidarlo, es parte de mi vida. Se puede obviar más o menos, pero no se puede borrar (quizá una buena lobotomía). El caso es que estoy -casi- convencido de que vivo acojonado ante cualquier relación de cualquier tipo, aunque me cueste horrores reconocerlo.
Durante un tiempo me forcé a mí mismo para no volver a caer en otro enamoramiento de los míos que me terminara de hundir en la miseria, y pensé que lo había conseguido. Lo cierto es que fui bastante más allá, aunque no puedo achacar el miedo que siento a una decisión racional.
Está ahí y sale a la luz cuando me relaciono. Entonces lo noto, incipiente. A veces despierta una misoginia que nunca he entendido y las menos me sumerge en el victimismo autocomplaciente.
El caso es que no dejo de tener esa sensación de vacío que me regalan los recuerdos. Viene y va, aunque nunca llega a irse del todo. Ni tampoco he mejorado de forma sustancial mi amor propio, pero se conserva porque dejé de enfrentarme a situaciones que lo arruinaban constantemente hace tiempo.
De todas formas se me nota, y este viernes he quedado con alguien que no puedo decir que me guste, pero tampoco que no. Quiero hacerlo y no, pero mayormente sí. El argumento del no es el del miedo, disfrazado de pasotismo (¿para qué me voy a complicar?) amén de otros factores que no vienen al caso y que han quedado descartados para lo que nos atañe. El argumento del sí es el eventual fantaseo que me ronda a ratos.
Como digo, se me nota, y eso no gusta. No gusta a nadie. Intento convencerme de que no tiene por qué notarse, puede que sólo baste con no ser negativo. No sé.
Al margen; una mezcla entre envidia, pena, y felicidad de esa que se siente cuando se está enamorado. Pues eso, me siento raro por lo de hace un rato.