Wednesday, July 31, 2019

20 años

"Es curioso que, tantísimo tiempo después, el mismo mes y el mismo día -y quizá hasta la misma hora, minuto y segundo- salgamos de fiesta y estés ahí. Igual que entonces. No es el mismo sitio pero está cerca. No son las mismas circunstancias, ni siquiera nosotros somos los mismos, pero diez años después -hoy- he experimentado sensaciones parecidas a las de aquel día que sólo vive en mi memoria. Rechazo, ¿tristeza? Impotencia.
Al igual que entonces soy yo, y puedo no sólo ser consciente, sino ejercer como tal sin prejucio alguno. A veces se me olvida, pero recordarlo me sirve para sentirme vivo. Y sentirme libre.
Hay que ser fuerte, siempre habrá buenos y malos. Hay que creer en un fururo cuanto menos incierto, pero que está al alcance de tu mano y que por una vez no te da miedo afrontarlo. Aunque,  ¿sabes? Como ya dije quizá todo sea dejar fluir el día a día. Hoy amiga al principio y desconocida después. Hace 10 años sólo eras extraña. Caprichos del destino, lo llaman

De esto aprendes que, he tirado muchos años a la basura. Más bien no es tirarlos sino dejarlos deslizar por mis manos, graceless lady

23/7/2009"

   
Ahora es cuando te das cuenta que han pasado otros putos diez años sin pena ni gloria y sigues igual. Y ya eres viejo. 

¿Viejo? 

Sí. Tal como era mi concepción de la vejez con 14 años -y con 24-.
 
Lo que no sabía ni hace diez, ni hace veinte años, es que el mejor momento que vas a vivir es el puto presente, antes y ahora, y todo lo demás es solo fantasía.

Igualmente es una máxima que nunca cumplo, pero no está de más intentar dar la impresión de que sí lo hago. Eso es, intentarlo.

Llevo mucho tiempo que no estoy necesariamente triste, pero tampoco contento. Sí, ya sé, es lo de siempre, la misma cantinela.

La felicidad absoluta no es factible sin opiáceos y aún así es efímera. Pero lo que no tengo es, igual que siempre y mejor que nunca, motivación alguna.

Si tuviera que hacer un listado de las cosas que realmente me gustan, o mucho mejor dicho, me motivan, creo que tendría que pensarlo mucho y aún así solo puedo pensar claramente en una cosa: la música.

Ya no hablo de escuchar, sino de crear y/o reproducir. Tocar la guitarra y el bajo, que es lo único que mis muñones más o menos me permiten. No hablo de tocar en casa para que me escuchen las paredes. Hablo de ir a un local de ensayo con otros tantos y que me escuchen las paredes de allí. Es una vía de escape sana.

Supongo que alguien que no toca, o más bien manosea como hago yo un instrumento, no sabe de lo que hablo. Cuando tocas música para tí, gusta. Cuando tocas música con otros y guardas un mínimo de respeto -poco- a la armonía y al ritmo, enamora. Eso es. Estoy jodidamente enamorado de esto último, y siento que la gente con la que me junto no lo siente igual. Para mí es frustrante.

Porque, por otro lado, dentro de la maraña de pensamientos negativos disfrazados de racionalidad empírica, he medio asumido que no hay remedio alguno y voy a estar siempre así, frustrado.

No en la música, en la vida. ¿Puede que sea lo mismo? Lo es.

La motivación para mí siempre ha sido no sentirme así. ¿Con qué? Aceptación. Y, ¿cuál es la mayor aceptación que podía sentir un imberbe -aunque con pelazo-y muy inseguro niñato de 14 años?

La transposición del amor propio en amor interpersonal.

Te quieres querer, pero no puedes. Quieres a alguien para reproducir una vez más este esquema. Porque eres tú mayormente el que te niegas. Es una reproducciónde la frustración más allá de tu cuerpo.

Y esta mierda funciona para mí igual que hace diez o veinte años.

Si fuese capaz de no tener miedo, de no cuestionar mis acciones y de no sentirme tan alejado en el día a día de los sentimientos, creo que te miraría y diría que me gustas mucho. Pero eso es mucho pedir para mí y para mi verguenza torera.

Así que supongo que me encerraré en mí otros diez años, cuando desde la óptica desenfocada de mi adolescencia ciertamente seré viejo y con total seguridad sienta que todo está aún más perdido.

Tengo otras opciones, y esas quiero. Pero no las veo. No me veo a mí. No me quiero. Sin quererse no es posible contemplar otras opciones. Paso primero: Me quiero a mí y luego te quiero a tí.

Si alguien lee esto, que me perdone por los párrafos. Lo he releído y además de darme verguenza, era denso.
   
Y ademas, Woodstock 99 queda bien lejos.