
Joder.
Diez años. Son una jodida eternidad.
Vengo de tribunal; de sitios tan pateados que no guardan más recuerdo que el inmediato, de tanto volver sobre ellos a lo largo de los años.
Sin embargo he decidido, a pesar del frío y de la lluvia, bajarme una parada antes en el autobús para ver mi antiguo instituto y recorrer una vez más aquellos sitios que eran tan conocidos, y ahora tan lejanos.
Sí, estoy triste y soy un masoca.
Cierto es que empapado por la lluvia de este otoño tardío todo parece tremendamente melancólico. Hacía años, quizá 8 ó 9 que no cruzaba esos patios olvidados, y a modo de flashbacks, mil recuerdos me han removido.
Sin ir más lejos, la puera del instituto parecía diferente, aunque quizá sea la distorsión que una década puede causar en los recuerdos de cualquiera; en todo caso no me resultaba ajena, sino distinta. Todo ha sido así: 'Tan conocido y tan lejano'.
Me encantaría recordar todo aquello mejor, para tener una imagen más contrastada, pero el tiempo diluye los recuerdos, y no puedo distinguir nada.
Lo más triste ha sido emprender el camino de vuelta a casa, como hice cientos de días durante varios años y sentir por un momento todas aquellas cosas que, cual quinceañero, me estimulaban mucho más allá de la lógica racional, introduciéndome un mundo de fantasía, irreal, tragicómico, infinito, atemporal, y actualmente tan lejano como añorado. Supongo que me estoy haciendo viejo y por eso lo echo de menos.
Tambien lo echo de menos porque no tengo nada.
Hace ahora diez años, mi fracaso emocional empezó a percutir mi autoestima. Nunca olvidaré el viento helado que cortaba mi cara aquel puente de todos los santos que fui hasta casa de Ana como prueba estúpida de lo que sentía por ella.
¿Estúpido? Sí, pero me sentía vivo. Tremendamente.
Ahora tengo todo lo cualquiera podría desear, materialmente.
Pero no vale una mierda. Sigo acordándome de Vero y me causa infinita pena. Ya no siento nada hacia ella, pero al recordarlo me resulta claustrofóbicamente triste. Tampoco por Bea, con quien he perdido todo contacto... y por Ana (de la facultad), a quien veo una vez al año.
Maldito soy, esclavo de mus recuerdos y rehén de mi presente, que es agónico, apático, lúgubre y melancólico.
A veces quisiera sentirme como en 2001.
Bueno... a veces no, siempre.
Y ahora mi habitación tiene mil años de ancho.
