Qué gran verdad la que escribí el otro día, ¡estoy rodeado de gilipollas!
Nunca me gustó categorizar de forma abierta a los amigos, pero no queda más que rendirse a la evidencia de que existen los "amigos" para irse de fiesta y los amigos de verdad. Entre estos últimos tenía incluidos a muchos que realmente deberían estar en el primer grupo: Gente mezquina, nihilista, egoísta, individualista, incapaz de pararse un momento a analizar la situación e intentar no pensar sólo en ellos.
Un momento, ¡yo también soy un poco así! ¡Mierda!
Menos mal que yo, a diferencia de otros, soy consciente de este defecto e intento paliarlo. Como bien reza el dicho, se ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio. Ególatras de mierda.
Además, soy amigo de mí mismo, lo cual resulta contradictorio habida cuenta de lo anteriormente expuesto. Creo que es aceptación, sin más. Que por otra parte, ya era hora.
En estos últimos meses no he parado de darme cuenta de la cantidad de supuestos amigos que me rodean, en los que yo confiaba hasta ahora como ingenuo que soy, era, y seré.
Lo que ocurre es que la lista de amigos para tomar copas está creciendo al mismo ritmo que disminuye la de amigos de verdad; pues diré lo siguiente siempre preferí la calidad a la cantidad... o por lo menos ahora lo prefiero.
Lo que uno no puede evitar es jurar en hebreo ante este tipo de corcunstancias. Me generan una sensación desigual de decepción y rabia, cosa nada agradable pero que sirve muy mucho para el futuro.
Ante este plantel tan interesante, tenemos dos opciones: o bien te dedicas a mandar a gente a tomar por culo (con todas las de la ley, ciertamente, pero también con todas las consecuencias) o bien te dedicas a reconstruir una amistad hueca, digo hueca porque pasan a ser "amigos" y hay multitid de sentimientos, actividades, inquietudes e incluso afectos que nunca más se podrán compartir de igual manera. Y no quiero que se me tache de rencoroso, porque creo que no lo soy. Lo que pasa es que hay cosas que joden poco, cosas que joden más, y putadas que suponen un punto y a parte. La amistad no se va a tomar por culo de un día para otro, pero se puede debilitar tanto como para llegar a este punto, y en ésas ando.
Muy cansado estoy de quejarme, quizá vosotros de leerme, pero más aún lo estoy de seguir tragando mierda cuando ni quiero ni debo. Así que hasta aquí llegó la condenscendencia con determinadas cosas.
Besos
Wednesday, April 15, 2009
Tuesday, April 07, 2009
El consuelo
A estas alturas de la tarde -y de la conversación- estoy hasta los cojones como dijo aquél. Las razones son varias, a saber:
Hay gente que actúa mal, mucha, muchísima más de la que yo pensaba; y no me refiero a cagarla en un momento puntual, no. O en varios, tampoco. Me refiero a las actitudes tremendamente individualistas que tiene la gente, por simplifar muy mucho.
He aprendido que la empatía no existe... uno nunca puede ponerse en el lugar del otro. Porque una persona no es las circunstancias del momento, si no las de una vida, y lo que para alguien es una gilipollez para otro puede ser un mundo.
Realmente, no es ni una cosa ni la otra, sobre todo cuando hablamos en términos emocionales.
Cada uno tiene sus sentimientos, que son presonales e intransferibles. Sin embargo, lo que sí se puede hacer, es tratar de conectar, de sintonizar, con los sentimientos de los demás, de tal manera que si son felices, seamos felices con ellos (lo cual es muy corriente) y si están tristes; pues estemos tristes con ellos (lo cual es muchísimo menos corriente). Y eso no significa que de repente entiendas el problema del otro. Pero compartes sus sentimientos y esto hace que puedas entenderle mucho mejor.
A ése entendimiento me refiero.
Nunca he tenido un círculo muy amplio de amigos, pero sin embargo sí un nexo muy importante con la gran mayoría de ellos. Un nexo que va mucho más allá del aparente colegueo y ambiente festivo de las noches de Madrid o Gavilanes. Es algo así como si toda esa gente formara parte de tu cuerpo. Sin embargo, como corresponde al niño grande que a veces soy, impera todavía en mí un halo de inocencia que el tiempo se encarga de destruir. Es muy doloroso. Porque te vas dando cuenta que estás rodeado de desconocidos que creías amigos; de personas que un día se descubren y muestran sus verdaderos intereses, radicalmente opuestos a ese nexo del que hablo. Y de repente algo se rompe dentro de tí, y cuesta horrores asumir la decepción, el dolor, la pérdida que eso significa.
Estoy ahora mismo en un inpass de este tipo, que esperemos agonize con el día que se apaga.
Sin embargo, no se termina de escapar de mi cuerpo esa ágria sensación de derrota ligeramente autocomplaciente.
Tanto tiempo he perseguido a personas que ahora, sin estar enamorado de nada ni de nadie, tengo una necesidad tremenda de calor, amor, compañía, sonrisas.... que me oprime el pecho y me hace rememorar los tiempos de la ansiedad y el lexatín. Y sin embargo es un consuelo pensar, creer, saber, que todo ha sido mala suerte, que valgo mucho, mucho más que cantidad de despreciables que me toca aguantar. Soy consciente de que un día despertaré y esa sensación ya no estará ahí, pero a veces no tengo paciencia suficiente.
Al final me he puesto tonto y se me caen un poco las lágrimas mirando el rojo del atardecer.
Hay gente que actúa mal, mucha, muchísima más de la que yo pensaba; y no me refiero a cagarla en un momento puntual, no. O en varios, tampoco. Me refiero a las actitudes tremendamente individualistas que tiene la gente, por simplifar muy mucho.
He aprendido que la empatía no existe... uno nunca puede ponerse en el lugar del otro. Porque una persona no es las circunstancias del momento, si no las de una vida, y lo que para alguien es una gilipollez para otro puede ser un mundo.
Realmente, no es ni una cosa ni la otra, sobre todo cuando hablamos en términos emocionales.
Cada uno tiene sus sentimientos, que son presonales e intransferibles. Sin embargo, lo que sí se puede hacer, es tratar de conectar, de sintonizar, con los sentimientos de los demás, de tal manera que si son felices, seamos felices con ellos (lo cual es muy corriente) y si están tristes; pues estemos tristes con ellos (lo cual es muchísimo menos corriente). Y eso no significa que de repente entiendas el problema del otro. Pero compartes sus sentimientos y esto hace que puedas entenderle mucho mejor.
A ése entendimiento me refiero.
Nunca he tenido un círculo muy amplio de amigos, pero sin embargo sí un nexo muy importante con la gran mayoría de ellos. Un nexo que va mucho más allá del aparente colegueo y ambiente festivo de las noches de Madrid o Gavilanes. Es algo así como si toda esa gente formara parte de tu cuerpo. Sin embargo, como corresponde al niño grande que a veces soy, impera todavía en mí un halo de inocencia que el tiempo se encarga de destruir. Es muy doloroso. Porque te vas dando cuenta que estás rodeado de desconocidos que creías amigos; de personas que un día se descubren y muestran sus verdaderos intereses, radicalmente opuestos a ese nexo del que hablo. Y de repente algo se rompe dentro de tí, y cuesta horrores asumir la decepción, el dolor, la pérdida que eso significa.
Estoy ahora mismo en un inpass de este tipo, que esperemos agonize con el día que se apaga.
Sin embargo, no se termina de escapar de mi cuerpo esa ágria sensación de derrota ligeramente autocomplaciente.
Tanto tiempo he perseguido a personas que ahora, sin estar enamorado de nada ni de nadie, tengo una necesidad tremenda de calor, amor, compañía, sonrisas.... que me oprime el pecho y me hace rememorar los tiempos de la ansiedad y el lexatín. Y sin embargo es un consuelo pensar, creer, saber, que todo ha sido mala suerte, que valgo mucho, mucho más que cantidad de despreciables que me toca aguantar. Soy consciente de que un día despertaré y esa sensación ya no estará ahí, pero a veces no tengo paciencia suficiente.
Al final me he puesto tonto y se me caen un poco las lágrimas mirando el rojo del atardecer.
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