Tuesday, August 25, 2009

22:56

Bueno, después del verano (o casi) vuelvo, con energía -no- renovadas, pero dispuesto a vomitar el contenido de mi mente, y el de mi estómago si es necesario.

Un breve resumen: me he aburrido muchísimo, he bebido más, me he enfadado bastante pero he mostrado poco, y he fumado como un carretero.

La verdad es que uno está hoy espeso de narices; es imposible concentrarse con la maravillosa putamierda de Máxima FM en los altavoces, que inexplicablemente suena de fondo a modo de siseo. Claro que antes sonaba la COPE y no se qué es peor. Nada que no solucione una canción de Leonard Cohen. Ahora entiendo por qué los canis no tienen depresión, con este puto ruido es imposible pensar en nada.

Al igual que el verano pasado, me he tirado la mayor parte del tiempo en Madrid, que no todo como hace un año. Aunque desde luego el pueblo, a parte de un puñado de gente que merece muy mucho la pena, no ofrece nada excepto ponerte hasta el culo de cubatas, cervezas, o sucedáneos de ambos. Cosas que ya has hecho hasta la saciedad.

El pueblo me hace volver sobre un tema que permanentemente sobrevuela mi cabeza: por qué gusto tan poco a las mujeres.

Durante mucho tiempo me sentía horrible acerca de mi físico, pero ahora estoy contento. Bueno, contento no es la palabra, pero en todo caso ya no me siento mal por ello. ¡Qué coño!, tampoco estoy tan mal. O eso creo, porque como ya dije, creertelo es todo. En eso consiste la autoestima. En engañarte para no ver que el mundo es violento, injusto, y triste
En el pueblo sin embargo, este autoengaño no vale, porque ya se encarga de recordártelo la gente a base de caras de asco, respuestas monosilábicas, o directamente ignorándote.
Claro que podemos llevar el análisis más allá. No soy ninún lumbreras, ni lo he sido, ni lo seré, ni lo pretendo, ni desde luego tengo facilidad para expresarme fluidamente más allá de este rincón. Ni tengo mucha labia, evidentemente, pero cuando uno es tímido no le queda otra cosa que apechugar con lo suyo y capear el temporal como bien se pueda. También he sido siempre un poco rancio porque normalmente no suelo mostrar cariño hacia nadie.
Otro punto de vista es darse cuenta de que muchas veces estoy completamente borracho, fumado, o ambas cosas a la vez. Así es dificil intentar gustar a nadie, claro. Pero no creo que esto explique nada, porque un sábado en Gavilanes es como una botella de whisky en una reunión de alcoholicos anónimos.
Lo cierto es que, no comparto muchas cosas con la mayoría de la gente de allí. En realidad no nos parecemos nada. Hay un rollito muy determinado que hay que obviar si te planteas volver fin de semana tras fin de semana. Puede que mi rollo tampoco vaya con la gente de allí y esto explique todo esto.
Pero el caso es que he llegado a la conclusión que gran parte de esto se debe a que sois mezquinas; una panda de putas materialistas y despreciables que muchas veces ni siquiera merecéis el calificativo de personas.

(Para que nadie que pueda leer esto se altere y/u ofenda, sabed que probablemente ninguna de vosotras entráis en este grupo, o pandilla drakis, para ser más exactos)

Por cierto, Alba y Noemí, esta serie de amistosos calificativos me ha hecho acordarme de vosotras, de vuestras respectivas madres, y de los chuloputas de vuestros novios -otrahora amigos, ahora conocidos sin más-. A ver si viajáis más en avión, a ser posible en MD-82, con Spanair, y con destino Las Palmas.

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Tengo una serie de características buenas, y supongo que moralmente aceptables por todos, soy capaz de empatizar tontamente hasta niveles absurdos, no suelo portarme mal con la gente y bueno, no puedo decir más porque muy positivo no soy.

¿Estoy muy quemado?, pues SÍ, pero estoy hasta las narices de ser utilizado como un kleenex que te vale para una noche y al día siguiente a la papelera. Así que os quede muy clarito: ya no aguanto ni una sóla gilipollez.

De hecho, hace un par de semanas me quedé con determinada persona sólo en la caseta a altas horas de la noche, momento en el cual empezó a tontear conmigo (porque estaba cachonda y no había nadie más, evidentemente) y yo pasé olímpicamente. Y eso que a mí me gusta, y no sería la primera vez, pero ¡vale ya, joder! Que soy una persona y no un consumible. No me haces caso en meses, te calientas, y ya todo vale... Ya me sé el rollito de no mirarse al día siguiente o de poner malas caras y estoy hasta el culo de él. No se lo dije así, pero luego se lo hice constar a través de sms en otras palabras, porque, en el pueblo, más vale llevarse bien con la gente. O por lo menos no llevarse mal. Máxime cuando vas fin de semana sí y fin de semana también.

El mensaje decía algo así como: si no nos hubiéramos liado nunca seríamos más amigos y eso estaría mejor. Desde entonces su cara de asco es casi constate cuando le hablo. En fín, deja de buscarme a las 7 de la mañana porque la próxima vez te va a hacer caso tu puta madre.

Como última reflexión misógino-sofista, y como colofón a este tostón fruto del más profundo desbarajuste emocional; afirmo que la mujer gavilaniega es el animal más materialista de cuantos existen y existirán. Y me quedo tan a gusto.

¡Y eso que esto iba a ser la enésima llamada de auxilio!

Te sigo buscando por todas partes, especialmente en el fondo de un vaso, pero nunca estás.

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