Monday, February 03, 2014

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Qué mejor para celebrar la décima temporada de esta mierda de blog que hacer un repaso de las últimas entradas. Eso pensaba antes de leerlas.

Me congratula, eso sí, poder decir que es la primera vez en un año que escribo aquí completamente sobrio.

Pasa que la vida es tan plana y tan vacía de expectativas de ningún tipo que el tiempo discurre con total desorden, tengo menos pelo, más barriga y todos los días se parecen sospechosamente al anterior. No me equivocaba cuando pensaba que esto no es más que una huída hacia adelante con todas las letras. ¿Pero es que acaso alguna vez fue algo distinto? Que uno tuviera hace años una figura en torno a la que hacer girar todo no significa lo contrario. Estaba tan perdido como ahora, con la salvedad de que erróneamente creía que ese era el fin y el final, de mi vida y de la maraña de sentimientos inconexos de mi cabeza, respectivamente.

Las cosas tristemente no son así. Hay que sonreír si se quiere algo para uno mismo, y lo más importante, para los demás. Esta espiral no conduce a otro lado que a la vida frugal, al disfrute vacío, a la felicidad efímera propia de la adicción y al suicidio figurado.

Y es que no soy yo. Yo quería ser algo muy distinto a todo esto pero me temo que he fracasado. A veces pienso que no es tarde, y que todo tiene arreglo.

Aunque esto no es una autopista donde uno puede tomar la primera salida y dar la vuelta. Lo recorrido ahí queda, no puedes tirar el puto retrovisor por la ventana. Ni tampoco deberías conducir mirando hacia atrás, que es mi especialidad.

En tal caso tienes que elegir entre quedarte con el bagaje o rebelarte. Aceptar la mediocridad de uno mismo y de los mecanismos de absolutamente todo lo que te rodea. ¿Acaso es eso mismo lo que hace a la mediocridad? Muchas veces prefiero ser un ser etéreo y vacío de sentimientos que sentir la tristeza más absurda. Quizá sea un bucle.

Contrariamente a lo que se suele decir cuando precisamente no se sabe qué decir, la vida da menos sorpresas de las que uno quisiera y cuando lo hace, normalmente es para mal. Puede que la clave esté en no sorprenderse, lo que me lleva al párrafo anterior. Supongo que rebelarte es engañarse y sonreír. Tomar esa salida que no existe, dar la vuelta y pisar a fondo el acelerador en dirección al sur.

No obstante, la vida no es divertida. No digo que no tenga sus momentos, pero definitivamente no es divertida. Es triste y cruel. Al final mueres más tarde o más temprano. Vivir es morir.

1 comment:

Anonymous said...

pablo random, suprime los noes y evita las palabras negativas; sé positivo por favor y, coño, escríbeme o llámame por dios!!