Resulta que al final es cierto que necesito imperiosamente sentir que gusto a alguien, aunque a mí no me guste esa persona. Lo perverso es que cuando lo primero cambia, es cuando me empieza a gustar. Creo que ha sido así siempre, ejemplos mil. Vaya puta mierda.
Hoy, ayer, y siempre, creo que esto es lo mío: la puta desolación.
Y eso que lo dice la canción:
- La lección número uno es dejar de esperar la luz del sol, no es ninguna locura postrarse bajo la luna llena... justo como hoy.
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