Qué mal envejecen algunas cosas. Como yo.
Vergüenza propia. Y ajena.
Para muestra, un botón (o varios)
(23/6/15)
Lo mejor es largase sin decir nada antes de oír gilipollecs que te hunden aún más. Yo solo quería crujirla, que es mucho menos, y mucho mejor de lo que nadie nunca ha querido hacer conmigo.
(3/12/16)
Pero bueno, está Altea. Mola. Es muy maja. Es guapa. Es bajita. Es igual de tonta que yo. Ella es consciente de esto último y por eso me sigue el rollo.
(22/2/18)
Esta mañana tenía miedo y he dudado varias veces si darte plantón o no. Me alegro enormemente de no haberlo hecho aunque ahora lo que pasa es que, aun exultante por el buen ratillo junto a tí, siento que me ha sabido a muy poco y me gustaría compartir más ratos. Muchos. Todos. No sé con exactitud.
Estoy haciendo el gamba intentando pensar en otra cosa pero no consigo abstraerme. Antes de salir me he jurado que no quería recordar el día de hoy como otros tantos, tantos años después.
Los días del "y si".
Pero creo que hoy no es asimilable; es diferente. Me he sentido tan bien porque has hecho que me olvide de mí. Hacía muchísimo tiempo que algo no me parecía tan positivo. Pero ya ves, te necesito más ahora que ya he llegado a casa.
Estoy enormemente feliz, y ahora no puedo dejar de pensar en tí
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Y ahora, además de vergüenza, lo que siento es un vacío enorme que sé que siempre estará ahí aunque olvide por qué.
A partir de esto, todo ha cambiado.
Diría que me gustaría volver atrás y hacer o decir tal o cuál cosa. Pero da igual. Ni lo dije ni lo hice en su momento, que es cuando tocaba. Lo intenté pero no fue como yo quería.
No merezco todo esto, pero lo merezca o no, es real.
Lo triste del amor es que no es nada altruista. Siempre he querido pensar que, al final, uno desea lo mejor para la otra persona. Pero si uno no está ahí pierde toda la gracia que pueda tener.
Aún así, deseo que seas súper feliz sin mí.
Yo no te voy a olvidar nunca

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