Viernes 11, casa de Roa.
Teoricamente, día de fiesta... en la práctica, palo de la hostia, dolor y depresión (de nuevo). Muy bien todo hasta las ¿4? de la mañana en que como es lógico en mi naturaleza, en cualquier fiesta tengo un momento malo. Quizá sea el alcohol, que es depresivo de por sí. O quizá es que me dí cuenta tarde de cuanto la quería, que había desperdiciado mis oportunidades anteriores y que ya es practicamente imposible llegar a ninguna parte.
Qué cierto eso de que lo más doloroso del amor es que cuando empieza no saber transmitirlo, y cuando todo acaba no saber como decirse que ha terminado. En fín, a joderse toca, para variar.
La cosa fue que yo ya estaba viendo lo que se cocía, oséase, cómo ella le hacía carantoñas.
Me cago en los putos celos que no sirven absolutamente para nada.
Viendo como estaba el patio, no me quedó más que abrirme y dar una vuelta; bueno, la vuelta fue después, primero estuve media hora llorando en las escaleras del jardín como un auténtico gilipollas. Entónces me dí la dichosa vuelta; la verdad es que no fui demasiado lejos, subí la cuesta, ví Madrid desde la distancia y poco más, luego bajé y me quedé merodeando un poco por la zona. Al final salió Roa a buscarme (o a mear, que es lo mismo), me lo encontré de sopetón y empezamos a hablar. Él me decía que tenía unas ganas bárbaras de liarse con ella, y yo le dije que la quería, aliñado todo con unas dosis de surealismo extraidas de mi propia experiencia, luego en cierto modo verídicas. Claro que yo ahí no puedo hacer nada, pero le dije que lo intentara, que total, me iba a joder pero yo no era nadie para decirle que hacer y menos aún censurarle.
Me dijo que no lo haría a pesar de que yo insití en lo contrario.
Entramos, y yo estaba fatal, con lo que me quedé tendido en el sofa, cogí una manta y me tape; empecé de nuevo a llorar, pero esta vez en silencio. Estaba hecho una mierda. Me sentía mal por haberle jodido el rollo y tal, pero también por ella (como si fuera una puta subasta cagoendios)... en fín, paradójico es poco. Empezaron a tocar la guitarra lo cual me hizo por alguna razón sentir peor aún pero no me moví hasta pasada una hora más o menos. En una de esas Roa pasó y le dije que lo sentía mucho por haberle dicho lo que dije. Al rato fui, guarde la guitarra y volví a mi rincón en el sofá. Al poco todos (o casi todos) se fueron a acostar, yo me tiré en otro sillón intentando quitarme de la cabeza todo esto, dormir no era factible.
Nótese que yo no pensaba que se fueran a liar, eso no me hacía sentir mal porque Roa me lo había prometido.
Al fín conseguí dormir un poco (porque me despertaron), cuando abrí el ojo vi a Raúl y le dije que era un cabrón por haberme despertado, a lo que me contesto: Jódete, que Roa y Ana están follando (literal).
(Dejo un par de líneas sin escribir deliberadamente, porque hay sentimientos que no se pueden describir con palabras, sólo con el silencio)
Me quedé callado, pero sin dormir, al rato intenté en vano quitar importancia a la situación bromeando un poco con la gente, pero visto que era imposible decidí irme a casa en el primer autobús que saliera de Algete.
Eran las 7:35 de la mañana cuando salí de casa de Roa, al salir pegué un portazo fruto de la rabia e impotencia que sentía (que no cabreo). Llegué al autobús y me senté.
Es dificil describir un viaje así, creo que lo que más se asemeja es aquel anuncio de BMW en el que se ve un paisaje gris y decadente por la ventana del coche. Al final llegué a Plaza de Castilla, cogí el Metro y más de lo mismo, pero esta vez bajo tierra.
Pensaba dormir cuando llegara a casa, pero en vez de eso me quedé sentado mirando a la pared de mi cuarto como un imbécil durante horas.
Tras esta no tan breve descripción de los hechos, voy a contar cómo me siento a día de hoy, y cómo me he sentido durante esta pasada semana.
En dos palabras: Hecho una mierda, son 3, pero me da lo mismo.
El problema, como ya lo he descrito con anterioridad, es que me he estado engañando a mi mismo durante los últimos meses intentando creer que ella no me gustaba. Mayormente porque pensaba que no tenía ningún tipo de posibilidad. No se si eso era cierto o no. Ya es tarde para comprobarlo, creo.
Pensaba que si algún día terminaba con ella es posible que fuera felíz de una vez por todas, es decir, dado que soy una persona muy introvertida y bastante rara y ligar indiscriminadamente no es una opción.. además nunca ha sido lo mío, para que vamos a engañarnos. Y aunque fuera al contrario, con todo el pasado a cuestas, no sería feliz. Creo que ella es mi última oportunidad y la he dejado pasar... el lunes, martes y miércoles estaba fatal, pensaba que había vuelto a mis peores tiempos pero hoy por suerte (o por desgracia) he vuelto a la deriva.
Sí, amigos, ahora no siento nada. Claro que no se si es mejor no sentir y llegar a los confines del aburrimiento y la desidia que desvivirte por alguien. En cualquier caso, esto no es vida.
Veremos en Semana Santa que tal... de momento te sigo queriendo en segundo plano, para no amargarme la existencia.
Friday, March 18, 2005
Ocaso, otra vez
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