Desde hace aproximadamente un par de días hace un viento intensísimo, que retuerce mi persiena dentro de sus guías y hace que no me pueda dormir del todo bien por culpa del ruido. También se oye, de fondo, un silbido que proviene del hueco de la ventana. La verdad es que no se por qué está abierta. No será ni siquiera un centímetro pero se nota el frío de la calle, que según leo en el termómetro, son 14,7º. Frío, ¿no? Al fin y al cabo, estamos en Junio, y a pesar de que son las doce y veinticinco de la madrugada es demasiado fresco para el final de la primavera.Acabo de cerrarla del todo. Llevaba así varios días, incluso a principio de semana, cuando hacía calor. Y ¡qué calor pasé!, dios mío, todo por la famosa invasión de mariposas gamma que no me dan tregua ni siquiera por las mañanas. La semana pasada cometí la imprudencia de abrir la ventana a la mitad y en media hora se colaron seis. Menos mal que mi gato se las come, porque después de dar el coñazo un rato, se quedan paradas en un rincón partiéndose la caja del menda, que no es capaz de expulsarlas de la habitación ni de matarlas. Esto es paraplejia y lo demás son tonterías.
Hoy he visto algo curioso en una película de La 2. Salía un tipo que era policía -al cual le había dejado la novia- que estaba empeñado en comprar algo que caducara el día de su aniversario. Además de no encontrarlo, el encargado de la tienda al que le pregunta le manda a la mierda, pero eso sí, le da una caja entera de latas de conserva caducadas. Mientras las examina una a una esperando encontrar la dichosa fecha, hace un paralelismo tan interesante como estúpido entre el amor y la comida. Allá va:
"Todo caduca tarde o temprano en esta vida: Los calamares, el pez espada, los pimientos, el amor... Me pregunto si habrá alguna cosa que no caduque en este mundo"
Así escrito la verdad es que es una mierda, pero cuando lo he oido me ha tocado la fibra sensible. Es una lástima que ahora no lo vea tan bien, creo que quien pueda leer esto no sea capaz de sentir lo que yo he sentido al oirlo. Lástima, por que las cosas son siempre más puras, fáciles y desnudas de terceras cosas cuando las pienso que cuando las escribo. De hecho, el resultado del paso de las ideas de la mente al papel me produce asco. De verdad. Lo mismo ocurre con las cosas que digo cuando no se trata de nada espontáneo o intrascendente.
Dicho todo esto, no quiero hacer referencias a nadie (léase Vero) porque no es necesario. Supongo que lo más difícil ya ha pasado aunque todavía quedan algunos cabos sueltos. En cualquier caso, no es nada que ella pueda remediar, pues son problemas únicamente míos.
Una vez aclarado este punto, sólo puedo decir que ando sumido en la más profunda de las indiferencias ante todo aspecto de la vida. Ésto no es otra cosa que nuestra amiga la deriva. En fín, tengo tantos problemas conmigo mismo que es mejor no afrontarlos todos de golpe, porque salgo perdiendo. Esto ocurre cuando me abro a los demás. En teoría es una vía cojonuda, pero estoy tan despojado de convicciones fuertes y arraigadas que hagan las veces de coraza que los sentimientos están a flor de piel. Así, cualquier malentendido o incluso el más absurdo de los comentarios me hiere. Mejor dicho alimenta; alimenta esa parte irracional de mí que no me quiere y de la que yo no quiero ser partícipe por muy inverosímil que resulte. Lo único que me ha traido han sido lágrimas, y como dijo Kutxi, uno está muy gordo como para andar haciendo el gilipollas.

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