Estaba claro que más temprano que tarde (en este caso más tarde) llegaría el día en que volvería a sentir celos, y siendo más explícito, celos para/con alguien que no merece absolutamente nada la pena.
Es una persona que me atrae a ratos, algo me gusta, sí, pero quizá el 20% del tiempo. Físicamente es muy guapa. El resto me provoca indiferencia, e incluso cabreo, porque es otra afectada por el síndrome del pueblo, el que ya he hablado en otras ocasiones. Pero oye, para follar de vez en cuando, en plan amigos, bien está.
Aún así, este tipo de cosas siguen sabiendo más amargas de lo que debieran porque pienso (y creo) que cuando otro lo consigue, ése debería ser yo, como cierta forma de recompensa por todas las veces que no ha ocurrido, que han sido muchas, diversas, y hasta cierto punto inexplicables desde una lógica optimista. Ahora, si recurro a la sempiterna autocrítica destructiva en torno a mis malas habilidades sociales y/o mi físico parece muy lógico, tan lógico como lo ha sido siempre.
Joder, no me da la gana entrar en esa espiral.
Así que hoy, que es martes, y hace apenas horas de todo esto, se activa en mi cabeza una suerte de mecanismo de defensa que reactiva mi profunda misoginia y mi odio hacia el órden establecido por la naturaleza.
Eso de que el amor, la sensación de atracción y toda esta suerte de putadas que existen para jodernos la vida tienen cierta base racional es absolutamente falso.
Yo todavía no he visto a nadie bueno que triunfe en este sentido por esa cualidad (u otras) moralmente justas. Mejor aún, razonablemente justas. Y me juego el cuello a que vosotros tampoco.
Todo esto consiste en una serie de artimañanas, de pseudo ritos de apareamiento y de ridículas demostraciones de superioridad (del genotipo, será). Como en el resto de los mamíferos, vaya.
Aunque luego queda muy bonito hablar del amor y demás patochadas, aunque todos sepamos que son de cara a la galería.
Quizá sea que me he dado cuenta tarde, y eso es jodidamente desconcertante. Realmente no sé si la gente es consciente de esto, o viven en su mundo de algodón y bastoncillos de caramelo. Desde luego, parece mucho más lo segundo.
Otro elemento muy determinante es asumir que uno tambien funciona en base a todo esto aunque se esfuerce con toda el alma en evitarlo. Al fin y al cabo, en este sentido soy igua que el resto de los siete mil millones de animales que danzamos por aquí. Los celos son un síntoma inéquivoco.
Resumiendo, tal y como funciona el mundo me gustaría no sentir nada. Uno acaba sumamente cansado de que me corten las alas día sí y día también; de observar detrás de la celosía que son los celos, valga la redundancia, como la gente se relaciona normalmente, folla normalmente, se besa normalmente y yo no. Intento con todas mis fuerzas no volverme loco.
Por eso llevo mucho tiempo desconectado de cualquier sentimiento que no sea centrarme en el día a día. De momento funciona bastante bien, pero no durará siempre. Tengo necesidades afectivas, como las tiene todo el mundo, coño.
Lo bueno es que me lo tomo con humor.
Tuesday, January 18, 2011
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