Hay días que podrían ser tachados del calendario sin nungún tipo de remordimiento. Hablo de los domingos.
Me cago en el puto garrafón. El degenerado que lo inventó y los que lo sirven en garitos deberían ser torturados hasta morir. Y el hijo de puta de su primo, el que invento la resaca, también. Y el que ayer estuvo de copas hasta las tantas... a ese le voy a tener que perdonar.
Ayer me acosté a las 7 y pico, y para que engañarnos, iba bastante borracho. Siempre antes de acostar me aplico mis 3 vasos de agua que son muy útiles a la hora de diezmar los efectos de la resaca alcohólica en el cuerpo. Pero hay veces que esto es insuficiente, como hoy. Cuando me he levantado, pensaba que me iba a estallar la cabeza, a la hora de comer me he puesto tibio y claro, luego estaba que potaba. Ya se me ha pasado todos los efectos, o casi. Lo que si tengo es un sueño de la hostia, llevo como una semana y pico durmiendo bastante poco. Dicen que el dormir poco trastoca el humor de una persona, luego de ahí otra explicación posible de mi depresión crónica. A la saca de las gilipolleces.
No sé, la deriva ya no parece una cosa tan clara y definida. Ahora los síntomas del fenómeno que yo he denominado de esa manera están mucho más difuminados. A lo mejor la deriva es deriva hasta en su propia definición -formando una especie de círculo vicioso-, de ahí que no se vea clara como antes. Pero también es cierto que ahora estoy más en una fase que ya es sobradamente conocida para mí, que no es otra que aquella en la que un día quieres llorar y dejarlo todo y otro quieres hacer tantas cosas para mejorar todo que no das de sí. Cambios de humor bruscos; simplemente un recuerdo triste que venga a mi cabeza en un determinado momento es suficiente como para que me sienta triste en cualquier momento del día. Y sólo. Porque estoy sólo, es una cosa que no se puede negar. Y lo malo no es estarlo o no. Lo malo es sentirlo, sentirte sólo.
Monday, April 18, 2005
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